viernes, 15 de marzo de 2013

Día 139. San Carlos de Bariloche


Cerramos este paréntesis argentino en San Carlos de Bariloche. Y nos encantó, no sólo por la carne, el vino y el chocolate, sino porque los alrededores del pueblo son impresionantes. 



Aunque el tiempo no nos acompañó demasiado durante los últimos días, nos animamos igualmente a hacer una ruta por el parque nacional Nahuel Huapi y a subir el cerro Campanario, una media hora que nos costó horrores pero la verdad es que el esfuerzo valió la pena. Aquí está la panorámica, una de las diez mejores vistas del mundo según National Geographic (lástima de las nubes).






Teníamos pensado hacer el Circuito Chico andando, algo que nos iba a llevar prácticamente todo el día. Desafortunadamente, o no, depende de cómo se mire, a media tarde empezó a llover. Como ya habíamos adquirido un poco de práctica haciendo dedo, decidimos probar una vez más y salió bien. Nos levantó un señor muy majo que estaba haciendo el circuito grande. Así que no sólo acabamos viendo más de lo que teníamos pensado, sino que el buen señor incluso nos paró en el mirador para que pudiéramos tomar fotos y no dejó al inicio del camino hacia el cerro Campanario. ¡Más majo…!




En el camping, Fran se hizo amiguete de unos chicos argentinos y, a pesar de la lluvia, le invitaron a un asado de choris. ¡Qué mejor forma de acabar nuestro primer paso por Argentina!

Nos fuimos de Bariloche hacia Villa la angostura, un pequeño pueblo con el mismo aire a Suiza que Bariloche y de donde salía el bus con el que íbamos a cruzar a Chile de nuevo para regresar a Tumuñán y voluntariar otras tres semanas. Nos pareció que Villa la angostura tiene mucho encanto y la ruta de los siete lagos debe de ser espectacular. Bueno, la dejaremos para una próxima visita. Como vamos diciendo desde el principio del viaje “hay que dejar cosas por ver para poder regresar algún día”. Si es que el que no se consuela es porque no quiere. 

El 14 de febrero, después de autorregalarnos una taza de camping y una hidratante para la cara (sí, esos son nuestros caprichos ahora mismo), llegamos a Tumuñán Lodge. Esta segunda vez fue mucho mejor que la primera, ya conocíamos el lugar y llegábamos con muchas ganas de volver a ver a la familia. El trabajo fue el mismo, pero de alguna manera regresábamos a casa y estábamos contentos. 
Aquí os dejamos algunas fotos del lodge. Y ya hemos decidido que la próxima vez que volvamos, lo haremos como clientes :)